Comencé el día con el kínder de míster
Fernando. En esta lección, los
estudiantes estaban trabajando con los relevos.
Ayudé al maestro a colocar los conos y a controlar los grupos. Durante esta semana, los grupos de la escuela
elemental están utilizando gran parte del espacio de la cancha para practicar
los bailes del ‘field day’. Esto quiere
decir que, las clases se imparten en horarios cortos. Por tal razón, estuve con el grupo unos 20
minutos. Al finalizar el curso, pasé a
la cancha de la escuela superior para preparar la clase de noveno grado.
Antes de comenzar la clase, verifiqué por
email, cuantos estudiantes me entregaron el trabajo que pedí la semana
pasada. El resultado fue peor de lo
esperado. Solo siete alumnos de 33 me
entregaron. Algunos, decidieron entregar
al comenzar la clase. Me estuvo curioso,
el estado en que se encontraban los documentos (el papel arrugado y parecía que
lo hicieron cinco minutos antes de comenzar la clase). Debo admitir, que en el momento me sentí insultado,
pero, no permití que la situación me afectara en mi desempeño. Traque hondo y comencé la clase.
Tomando
esta situación en consideración, había preparado unas actividades que podrían a
prueba su condición cardiovascular y fuerza.
Para lograr esto, prepare una actividad de calentamiento que recoge un
poco de todos los ejercicios que hemos estado trabajando. En adición, preparé dos estaciones. Una de zumba y la otra una prueba de
ejercicios de fuerza. A continuación, le
mostraré algunos de los ejercicios que trabajé junto con ellos.
Al
finalizar la clase, los estudiantes realizaron un reto que ponía aprueba el
esfuerzo y la motivación. La prueba se
trataba de mantener la posición de ‘squat’ el mayor tiempo posible. Mientras los estudiantes realizaban el
ejercicio, aproveche la oportunidad para preguntar, quien me debía el
trabajo. Observé que muchos se reusaban
a contestar. Pregunte de nuevo, quien no
entrego. En esa segunda ocasión algunos
se dieron cuenta de lo que habían hecho.
Les di la oportunidad de reivindicarse, si duraban seis minutos (diez
puntos). Luego, les dije que les daría 15
puntos si duran los siete restantes. Los
estudiantes respondieron de manera positiva al ejercicio y descubrí lo que los
motiva. Estuvo bien interesante, como el
panorama cambio, al darles la oportunidad de ganar su nota de esa manera. Muchos alumnos que no hacían nada en la
clase, se mostraron motivados y enfocados en la tarea. Después que termino el ejercicio, los
aprendices aplaudieron antes de caer desplomados al suelo. Hasta el momento, este ha sido mi mejor
momento como maestro de este grupo. Por
primera vez trabajaron duro.
Luego,
pase con la clase de duodécimo de míster Camilo. Los estudiantes se encontraban trabajando con
una rutina de ejercicios para los brazos.
En adición, brincaron cuica y utilizaron las barras de ‘pullups’. En esta clase, me dedique a motivar a los
estudiantes, compartiendo una rutina de ejercicios que utilizo en mis entrenamientos. Muchos aceptaron el reto y disfrutaron de la
clase.
El
día de hoy, me ayudo a identificar una de mis fortalezas y esta es mi capacidad
para motivar al estudiantado.

