febrero 6 de 2017

           Clases comienzan a las 8:05 am.  Trabaje con el grupo las destrezas del pase de futbol.  Los estudiantes patearon el balón con la parte de adentro y afuera del pie.  Siempre le hice la salvedad de que la situación de juego va a determinar la decisión a tomar.  Trate de aplicar el TGFU (Teaching games for understanding) con los estudiantes.  Los resultados fueron positivos con el grupo.  Por el contrario, las evaluaciones finales del maestro fueron mixtas.  En conclusión, el maestro, Santiago me informó que, para introducir una destreza se debe dar las instrucciones de manera general y luego dividirlos en grupos.   También, añadió que cuando los estudiantes estén en las filas los mantenga activos.  Por otro lado, reconoció que logre identificar a tiempo estas situaciones e hice los ajustes necesarios para que funcionara la actividad.   Al final de la clase, hablé con los estudiantes y los guie por una serie de preguntas que, los hizo reflexionar sobre su desempeño.  El grupo cuenta con tres alumnos que, probablemente me pueden dar clases de soccer.  Estos estudiantes encontraron desafiante la actividad final.  Ellos están acostumbrados a driblear el balón, sin contar con sus compañeros.  Al eliminarle la posibilidad de driblear el balón, los aprendices se vieron obligados a pasar el balón. De esta forma hubo mayor participación y disfrute.  Durante el transcurso de la clase, me sentí seguro con lo que estaba haciendo y en ningún momento me sentí fuera de tiempo o incómodo.  A medida que pasan los días, los estudiantes se acostumbran a mi presencia y responden mejor a mis comandos.  Todavía siento que tengo mucho que aprender.  Cada unidad presenta un nuevo reto debido a la falta de experiencia que poseo con algunos deportes, ejemplo el futbol.  Nunca he jugado el juego y en lo personal no me atrae tampoco.  Esta profesión me ha enseñado que siempre hay que investigar e intentar cosas nuevas. 
                Luego pasé a la clase de primer grado con míster Pérez.  Los niños se encuentran practicando la cuica, saltando de manera individual y en dobles.  Asistí al maestro supervisando el grupo y participando en el control de la cuica.  Me sorprendí al reconocer que varios de los estudiantes se acordaron de mi nombre y se acercaron para saludarme.  Esto me puso a reflexionar en algo que me había preguntado mi suegro unos días atrás, “¿qué se siente que te digan míster?”
                Después le di clases a dos grupos corridos, estos fueron el tercero y cuarto grado.  Uno de los maestros se había cogido la semana libre y yo me ofrecí para substituir.  El maestro no me dejo ningún plan para seguir, solo me dijeron que estaban en la unidad de béisbol y me dejaron unas pelotas.  Gracias a las sugerencias y guías de míster Pérez pude realizar las clases sin ningún inconveniente.  Debo admitir que a pesar de este percance me sentí súper cómodo con la situación.  Trabajé con ellos el lanzamiento por encima del brazo y el lanzamiento en roleta.  Los niños disfrutaron las actividades que finalizaron convirtiéndose en competencias de distancia y velocidad.  Por alguna razón, siempre que el desempeño del estudiante se ve letárgico, se sugiere una competencia y los ánimos se elevan a un ‘high’.  Esto se aplica a todos los grados que le he dado clase.  Al terminar, recibí muy buenas críticas de parte de los maestros y más importante las gracias por el esfuerzo que mostré ante la situación. 

                Al finalizar el día, estuve con el grupo del profesor Camilo, trabajando con los exámenes de levantamiento de pesas.  Cuando algunos estudiantes se encontraban en el examen, otros estaban brincando cuica y en el área de los ‘pull ups’.  Durante esta hora estuve supervisando el área de juego y contestando dudas de los alumnos para ayudarlos con el examen.