Clases comienzan a las 8:05 am. Trabaje con el grupo las destrezas del pase
de futbol. Los estudiantes patearon el
balón con la parte de adentro y afuera del pie.
Siempre le hice la salvedad de que la situación de juego va a determinar
la decisión a tomar. Trate de aplicar el
TGFU (Teaching games for understanding) con los estudiantes. Los resultados fueron positivos con el
grupo. Por el contrario, las
evaluaciones finales del maestro fueron mixtas.
En conclusión, el maestro, Santiago me informó que, para introducir una
destreza se debe dar las instrucciones de manera general y luego dividirlos en
grupos. También, añadió que cuando los
estudiantes estén en las filas los mantenga activos. Por otro lado, reconoció que logre
identificar a tiempo estas situaciones e hice los ajustes necesarios para que
funcionara la actividad. Al final de la
clase, hablé con los estudiantes y los guie por una serie de preguntas que, los
hizo reflexionar sobre su desempeño. El
grupo cuenta con tres alumnos que, probablemente me pueden dar clases de soccer. Estos estudiantes encontraron desafiante la
actividad final. Ellos están
acostumbrados a driblear el balón, sin contar con sus compañeros. Al eliminarle la posibilidad de driblear el
balón, los aprendices se vieron obligados a pasar el balón. De esta forma hubo
mayor participación y disfrute. Durante
el transcurso de la clase, me sentí seguro con lo que estaba haciendo y en
ningún momento me sentí fuera de tiempo o incómodo. A medida que pasan los días, los estudiantes
se acostumbran a mi presencia y responden mejor a mis comandos. Todavía siento que tengo mucho que aprender. Cada unidad presenta un nuevo reto debido a la
falta de experiencia que poseo con algunos deportes, ejemplo el futbol. Nunca he jugado el juego y en lo personal no
me atrae tampoco. Esta profesión me ha
enseñado que siempre hay que investigar e intentar cosas nuevas.
Luego
pasé a la clase de primer grado con míster Pérez. Los niños se encuentran practicando la cuica,
saltando de manera individual y en dobles.
Asistí al maestro supervisando el grupo y participando en el control de
la cuica. Me sorprendí al reconocer que
varios de los estudiantes se acordaron de mi nombre y se acercaron para
saludarme. Esto me puso a reflexionar en
algo que me había preguntado mi suegro unos días atrás, “¿qué se siente que te
digan míster?”
Después
le di clases a dos grupos corridos, estos fueron el tercero y cuarto
grado. Uno de los maestros se había
cogido la semana libre y yo me ofrecí para substituir. El maestro no me dejo ningún plan para
seguir, solo me dijeron que estaban en la unidad de béisbol y me dejaron unas
pelotas. Gracias a las sugerencias y
guías de míster Pérez pude realizar las clases sin ningún inconveniente. Debo admitir que a pesar de este percance me
sentí súper cómodo con la situación.
Trabajé con ellos el lanzamiento por encima del brazo y el lanzamiento
en roleta. Los niños disfrutaron las
actividades que finalizaron convirtiéndose en competencias de distancia y
velocidad. Por alguna razón, siempre que
el desempeño del estudiante se ve letárgico, se sugiere una competencia y los
ánimos se elevan a un ‘high’. Esto se
aplica a todos los grados que le he dado clase.
Al terminar, recibí muy buenas críticas de parte de los maestros y más
importante las gracias por el esfuerzo que mostré ante la situación.
Al
finalizar el día, estuve con el grupo del profesor Camilo, trabajando con los
exámenes de levantamiento de pesas.
Cuando algunos estudiantes se encontraban en el examen, otros estaban
brincando cuica y en el área de los ‘pull ups’.
Durante esta hora estuve supervisando el área de juego y contestando
dudas de los alumnos para ayudarlos con el examen.