Durante la primera hora, los estudiantes de
kínder se encontraban practicando para el Field Day. Hoy era día de casa abierta para los
padres. Esto significa que, los padres
pueden estar dentro de los previos de la escuela observando y participando de
las actividades. Míster Fernando
aprovecho la oportunidad para poner a participar a los padres con sus hijos en
los relevos. Cada vez que observo este
curso me doy cuenta de la importancia de la repetición de destrezas en los
grados primarios. Muchos de estos niños
se les hace difícil correr en línea recta, sin perder el punto donde deben
virar. Nuevamente muchos de ellos me
reconocen, hasta me abrazan.
Al
terminar la clase, pasé a la cancha donde me esperaba el noveno grado. Tengo que admitir que este grupo presenta un
reto para mí, desde el punto de vista de la disciplina. Muchos de estos jóvenes demuestran actitudes
desafiantes y de desinterés que en ocasiones logran tambalear mi ánimo. Además, persiste el problema del espacio
limitado para el tamaño del grupo (33 estudiantes para un cuarto de cancha). Mi
supervisor durante esta hora, Míster Lozada, tomando en consideración el plan que
establecí, me sugirió que moviera la actividad final para el principio de la
clase. De esta manera se aprovecha mejor
el espacio en lo que llegaba el otro grupo.
De aclarar que, la primera medio hora tengo mitad de cancha para
trabajar, luego se convierte en un cuarto de cancha. Siguiendo el plan, dividí el grupo en tres
equipos y los puse a jugar ‘Speedball’.
El juego fue un éxito con los estudiantes. Una de las ventajas que tiene este juego es
que provee un espacio en donde todos los estudiantes, de todas las habilidades,
pueden jugar. Aun teniendo el éxito que
tuvo la actividad, note que había estudiantes que se aprovecharon de mi
desconocimiento para colarse en otros equipos.
Durante esta clase me sentí un poco incómodo y desconcentrado. Al final de la clase, el maestro hace un
anuncio bastante alarmante sobre una situación que paso en los baños de la
escuela. El maestro les menciona que han
ocurrido incidentes de ‘bullying’, en los cuales los estudiantes encierran en
el baño a los compañeros más pequeños. Esta
reprimenda, bajo los ánimos que había elevado el juego y acorto casi por
completo el cierre de la clase. Debo
hacer ajustes con este grupo para controlar su cantidad y mantener la actividad
durante la clase.
Al
final del día, pasé con duodécimo grado, pero esta vez faltó el maestro. Míster Fabián, me dijo que los rotara entre
la sesión de cuica y después al gimnasio.
Esta actividad solo duró 20 minutos, porque desconocía que se comparte
el gimnasio con otro grupo durante esa hora.
Los estudiantes me miraban pendientes a la próxima instrucción. Como en pasadas ocasiones, me dejaron sin un
plan a seguir. Analizando la dificultad
del problema, decidí improvisar una actividad que, normalmente utilizo como
calentamiento en mis sesiones personales de ejercicio. Primero cogí pase la lista para conocer con
exactitud cuántos estudiantes hay en esta clase. Mientras tomaba la lista, iba tanteando el
área para ponerlos a trabajar.
Identifique un espacio vacío en el mismo centro de la cancha. En este espacio hice tres filas laterales y
los exhorté a que hicieran lo mismo que yo.
Hice sonar el silbato y procedí a darles unos ejercicios que combinan tolerancia
muscular con resistencia cardiorrespiratoria, con poco o ningún tiempo para
recuperar. La respuesta de los
estudiantes fue sumamente positiva y recibí un aplauso de parte del grupo
entero. Esto para mí fue uno de los
momentos más importantes que he tenido en mi corta carrera como maestro. Quedé sorprendido por esa respuesta y
reconocí la necesidad que tenían esos estudiantes de que los reten.
Justo
antes de irme, míster Santiago, me da la mano y me dice buen trabajo
maestro. Estas palabras, me hicieron
reconocer la labor que había hecho. Vale
la pena mencionar, que encontré la forma de llegarle a los estudiantes y mucho
tuvo que ver mi participación en los ejercicios. Esta actitud la he desarrollado gracias a mi
padre, que siempre participaba conmigo en todo y la experiencia que tengo como
padre de dos niñas. En un intento de
seguir el ejemplo establecido por mi padre, siempre juego con mis hijas y estoy
pendiente de todo lo que hacen. Al
aplicar esto en mis clases, los estudiantes responden mejor.